Tipología de usuarios del metro

El metro de Madrid es el Purgatorio en la tierra. Un mal necesario para alcanzar un fin. Un lugar por el que pasan miles de millones de seres, cada uno de su padre y de su madre. A veces hace mucho calor; otras, demasiado frío. Cuando estás cansado, no hay sitios libres; cuando no te importaría estar de pie, el vagón está vacío. De los olores, mejor no hablar. El punto medio aristotélico no existe.

Metro Madrid

Eso sí, para quienes somos observadores, puede llegar a ser un gran entretenimiento. Tras mis primeros meses como usuario del metro de Madrid, he establecido una breve tipología de usuarios. No son categorías excluyentes, uno puede pertenecer a dos o más tipos, y seguramente se puedan establecer muchas más. Pero es un comienzo.

  • El DJ frustrado: Ese tipo al que no le dejan poner la música cuando está con sus amigos y arde en deseos de compartir sus gustos con el mundo. Sus auriculares, ya sean de oreja o cascos gigantes, retumban con una música a todo volumen que hasta los pasajeros de los siguientes vagones pueden escuchar. Desde que coincidí con un fan de Chayanne que me obsequió con sus grandes éxitos, tengo más respeto por este colectivo.
  • El cagaprisas: ¿Se baja en esta parada? No, en la siguiente. O dentro de dos. Pero él ya está en primera línea para salir. El cagaprisas suele alcanzar su punto álgido conforme pasan los años. Los viejos son los usuarios premium de esta categoría, aunque hay jóvenes promesas apretando por abajo.
  • El ansioso: Habitualmente, suele ir unido a la categoría anterior. El ansioso es aquel que, ya dispuesto para salir y con el metro todavía en marcha, comienza a pulsar con insistencia el botón de salida. Seguro que hace lo mismo con el ascensor de casa o con la tragaperras del bar. Por supuesto, también es el que, cuando llega el metro que espera, quiere entrar antes de dejar salir.
  • El stripper: Siempre tiene calor. Por eso, esperando la llegada del metro, ya se ha desprendido de abrigo, jersey y cualquier prenda que le dé excesivo calor. Normalmente, se trata de recién llegados a Madrid que no están acostumbrados a utilizar ese medio de transporte.
  • El tuberculoso: Sea la época del año que sea, está enfermo. Alergia primaveral, resfriado veraniego, catarro otoñal, gripe invernal… Las pilla todas y, con sus toses, mocos y estornudos, las comparte con el resto. Existe la modalidad educada, la de quien se pone la mano para carraspear, y la grosera (también denominada “ser un puto cerdo”), que son quienes prácticamente te tosen en la cara.
  • El novato instruido: Encontramos a este especimen en el típico grupo de jóvenes que vienen a Madrid a pasar un fin de semana. Se caracteriza por repetir lo que suena en el altavoz, algo estilo “Próxima estación, Avenida de América. Correspondencia con líneas 4, 6 y 9”, y mirar a sus compañeros con altivez, como diciéndoles “miradme, yo controlo, pertenezco a este ambiente, bitches”.
  • El alérgico al agua: Da igual a qué hora cojas el metro, siempre habrá alguien que huela mal. ¿Por qué? PORQUE LA GENTE ES MUY CERDA Y NO SE DUCHA. Es así, no hay más.

Emma Stone bad smell

  • El que no se fue a Sevilla: Es decir, el que quiere un asiento siempre. ¿Que se baja en la siguiente parada? Da igual. ¿Que lleva todo el día sentado en la oficina? No importa. Por su mente no pasa la idea de ir de pie en el metro. Eso es de pobres.
  • El surfero: ¿Para qué agarrarte a las barras cuando puedes dejar claro que eres un maestro del equilibrio? Suele tratarse de chavales jóvenes, héroes sin capa con pose de cowboy o personas de gran volumen que confían en que nada ni nadie puede desplazarlos.
  • Los osos amorosos: La típica parejita que no aguanta un viaje de metro sin meterse mano o comerse la boca. Puedo llegar a entender que un viernes noche, con el vagón semivacío, se pierda el pudor, ¿pero un martes a las 8 de la mañana, con todo a reventar? ¿En serio te pegas el lote delante de todos?
  • El opositor a bombero: El último ser que he descubierto y puede que el peor de todos. Se trata de esas personas que no se agarran a la barra situada en medio del vagón, sino que se apoyan en ella, impidiendo que tú puedas asirla. ¿Cómo se puede ser así de imbécil?

La lista puede completarse con más categorías, desde luego. El grueso del público que usa el transporte urbano se compone de adictos al móvil y ávidos lectores, pero esos no generan tanto interés como los enumerados anteriormente.

Salvo que consiga esa utopía madrileña llamada “trabajar tan cerca de casa que no te haga falta pillar el metro”, seguiré atento al resto de pasajeros e intentaré darle continuación a la lista.

Larga vida al metro. 

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