Festival de la morriña

Tres semanas después de regresar de Galicia, hice de nuevo las maletas dispuesto a retornar a la que ya es mi segunda tierra. Pero antes teníamos un evento que llevábamos tiempo esperando: el Santander Music Festival. Tres días de música, camping y amigos. Un plan difícilmente mejorable.

Así, el jueves 30, Guille y yo salimos desde Pamplona, dirección Vitoria, donde recogimos a Blanca y María. Después de un entretenido viaje, con música de Les Misérables y un curioso lugar de parada a comer, llegamos a Santander. Mientras las chicas se instalaban en su camping, Guille y yo nos lanzamos a la agradable tarea de montar dos tiendas. Una pena que no fueran tres para replicar la mítica frase bíblica. Mirando a nuestro alrededor, quedó claro que éramos unos novatos en el mundillo camping festivalero. La gente iba equipada con mesas, sillas, camping gas, neveritas, ollas, toldos… Y nosotros, con lo puesto. Pero ni tan mal, oye. Montamos las tiendas y esperamos, cerveza en mano, a que llegaran Fon y Rafa.

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Una vez reunidos todos, comenzamos a disfrutar de la experiencia festivalera. Aún faltaba Álex, ese espíritu libre que llegaría de madrugada, pero los conciertos no nos iban a esperar. Nos perdimos al grupo inaugural, Black Yaya, aunque no serían los únicos que no contarían con nuestra presencia. No obstante, disfrutamos con SupersubmarinaCarlos Sadness, a pesar de que el sonido no era muy bueno; con Niños Mutantes y Dorian; y, especialmente, el último día con Xoel López y Crystal Fighters.

Pero en un festival no todo es música.

En un festival, no todo es música. #SantanderMusic2015

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Los amigos del Santander Music Festival se curraron un recinto de conciertos muy completo. Puestos de comida y bebida, futbolín, tiendas artesanas, zona VIP que catamos ligeramente y buena gente. La chapa de Batman que compré para mi coche me lo recordará toda la vida. El camping ya era otra historia. Nuestros vecinos, muy majos y generosos con las cervezas, pero las condiciones estaban lejos de ser ideales. Por suerte, y a pesar del tormentón que nos cayó la primera noche, no nos tuvieron que desalojar como a los del Arenal. Pero la limitación de enchufes y duchas nos hizo ver que nuestro día a día es bastante cómodo. De todas formas, nada que no se pudiera soportar durante tres días, sobre todo, con una playa y un Mercadona a escasa distancia.

Por si fuera poco con el ritmo del festival y las exiguas horas de sueño, Fon, Rafa y yo nos lanzamos a andar por Santander durante todo el segundo día. Con txirimiri cayendo y nuestras piernas flaqueando, tuvimos todo el tiempo del mundo para ponernos al día, recordar momentos y echar risas. Entrañable. Eso sí, mis rodillas y tobillos maldijeron la idea durante los siguientes días.

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El día de la despedida fue duro. Tanto por el hecho de irnos, como por el sol que hizo de la tienda un invernadero en el infierno. Nunca recoger piquetas y desmontar una tienda había sido tan costoso. Después de comer por el centro y el granizado de limón, Guille, Fon y yo partimos hacia Galicia. Rafa y Álex tomaron camino hacia Madrid y las chicas ya se habían ido antes a Vitoria con Álvaro, otro Muzás que he puesto en mi vida. Al igual que el resto de su familia, un genio.

No voy a mentir. El trayecto Santander-Pontevedra se me hizo muy duro. Y eterno. Mi cascado cuerpo dejó de darme tregua y encendió la luz de alarma. Eso sí, fue bajar del coche en tierras gallegas y ya me sentí mucho mejor. No creo que sea casualidad.

En Pontevedra me esperaba Blanca, otra distinta a la que vino al festival, quien me prestó un ático durante toda una semana. Mira que tengo amigos majos, eh. La experiencia de vivir solo durante una semana fue bastante enriquecedora. He vuelto habiendo hecho cosas por primera vez, como unos huevos fritos o poner una lavadora, y la sensación de que la independencia no se me daría tan mal. También es cierto que Blanca me puso todo en bandeja y que yo me contento con poco.

Huyendo de la Santa Compaña. #Combarro #Galicia

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Después de haber conocido Pontevedra y sus alrededores (Combarro, Toja, Sanxenxo, San Vicente…), tengo miedo. Sí, mucho miedo. Tras mis últimas visitas a tierras gallegas, sabía cuándo volvería la próxima vez. Pero ahora ya no. Confío en que, como aún me quedan muchas cosas por ver, no falten visitas futuras. Y, cuanto antes lleguen, mejor.

Con Fon, además, me subí una noche de calentada a Coruña. Un concierto de Sidonie y Los Planetas en la playa de Riazor merecía la visita express. Sidonie me volvió a gustar tanto o más como la primera vez que les vi en directo. Hasta he subido un vídeo a Youtube y todo. Además, luego pincharon en un garito cercano y pudimos hacernos fotos con Marc. Gente muy top. Por otro lado, Los Planetas no nos gustaron mucho. Últimamente, se estaba viendo bastante hater de la banda, pero yo me mantenía indiferente, a la espera de poder juzgarlos en primera persona. Ahora, que ya lo he hecho, me subo al carro de haters. Por suerte, durante ese concierto, me gestioné unas Estrellas, así que no pudimos quejarnos mucho.

Antes de volver a Pontevedra, quedé con Blanca en Santiago, ciudad que aún no conocía. Ya que mis débiles rodillas me impedirán hacer alguna vez el Camino, me hice la foto de rigor frente a la catedral y conocimos los mejores rincones de la ciudad.

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En el Costa Vella, de Santiago. Un sitio muy cuco.

La semana en Pontevedra dio para mucho. Por supuesto, la comida típica y el licor café no faltaron. A la lista de bebidas, añadimos el vino turbio y el licor de chocolate blanco que compramos en Combarro. Delicias puras. Bueno, y también los gintonics. Y las Estrellas. Y el jäger y la sidra del último día. Vamos, que no nos hemos deshidratado.

La verdad es que ha sido divertido. Además de excursiones y planes gastronómicos, he cantado mientras Blanca o Gabi tocaban la guitarra, he vivido el comienzo de las fiestas de la Peregrina, otro concierto de M-Clan (donde Carlos, al igual que hiciera Sidonie en Coruña, se paseó cantando entre el público), que una adolescente ebria en peñas me llamara “señor”, me he aficionado a Historias Corrientes y a Hora de Aventuras, he charlado con una gaviota, le he dado envidia tuitera a Elena, he probado la ginebra gallega Nordés, he descansado y desconectado y, sobre todo, se lo he agradecido poco a Blanca. Pero bueno, ella ya me conoce. Y si no, “haber estudiao”.

Galicia, aún tengo visitas pendientes y mucha morriña encima, así que no me olvides. Volveré.

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2 comentarios en “Festival de la morriña

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