Sanfermines desde el YO (V)

Un nuevo 15 de julio, y ya van varios, dejo una pequeña huella en el blog de lo que he vivido en las mejores fiestas del mundo: los Sanfermines. A diferencia de otros años, no he estado en Pamplona los nueve días de fiesta. Aunque me dolió perderme los tres primeros días y medio, especialmente por el Chupinazo, tenía una misión encomendada: ir a Coruña para traerme a tres forasteros que no conocían la maravilla sanferminera.

Así, el sábado 4 de julio comencé mis vacaciones metiéndome en un tren de casi 12 horas dirección Galicia. Mi plan en estos viajes consiste en intentar dormir, rezar para que la persona de al lado no sea muy pesada y ver las películas basura que Renfe coloca. En esta ocasión, no logré ni la primera ni la tercera cosa, pero mis plegarias fueron escuchadas. Pasé 9 horas hablando con María, una chica de Santiago, residente en Berna (Suiza), músico de profesión. Puede que penséis que mi aburrimiento influyó, pero la zagala gallega resultó ser encantadora. No tuve ni que ciscarme en Renfe por no poner películas.

Una vez pasada la odisea, llegué a mi destino, donde me esperaba Fon, mi anfitrión. Compra en Mercadona, cena y dar un voltio. Entre el Pato Mareado 2 y el Grietax vi muchas caras conocidas: Paula, Álex, Mouzi, Carmen, los Ucha, Cuca, Vizoso, Nenuca, Hou, Stru… Y algunas nuevas, como las Lucías. Como siempre digo, aún no he conocido un gallego que me caiga mal. Y dudo que llegue ese día.

Hasta el jueves 9, día en el que Fon, Carmen, Mouzi y yo saldríamos hacia Pamplona, los planes en Coruña fueron de relax totalmente. Playas, Estrellas, películas, dormir, ver vídeos de épocas pasadas y no abrir el correo electrónico. Destacable la barbacoa en casa de Carmen (soy mega fan de su familia) y la despedida desde El Preludio, en Oleiros, desde donde saqué esta última foto.

Despidiéndome de Galicia. Hasta lueguiño.

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Y lo dicho: el jueves 9 nos montamos en un Golf negro de alquiler, dirección Pamplona. Con paradas para recoger las llaves de los respectivos pisos y mis nervios, llegamos a nuestro destino. He de decir que ver el Chupinazo y los encierros desde la distancia es duro. No es broma cuando digo que casi se me saltan las lágrimas en algún momento. Pero bueno, ya estábamos en Pamplona vestidos con la indumentaria oficial y las ganas de empezar a patear las calles.

sanfermines-2015

Un gallego de adopción y tres de verdad. Un auténtico navarro y tres adoptivos.

Primeras botellas de sangría, manchas de vino e inmersiones en Labrit. Durante estos días, yo no he descubierto nada nuevo de mis fiestas, pero vivirlas con buenos amigos debutantes en ellas ha sido más que suficiente como novedad. Si han disfrutado tanto como yo lo hago en su tierra, sé que se van con buen sabor de boca. Y, salvo que me hayan mentido, así ha sido, porque ya estamos pensando en los Sanfermines de 2016. Y alguna otra, como Blanca, también ha marcado la fecha en el calendario para apuntarse.

Aunque de jueves a domingo, día en que los gallegos regresaron a casa, no paramos mucho, nos han quedado cientos de cosas por hacer. No vimos el encierro (salvo Carmen), no comimos churros de La Mañueta, ellos no vieron los fuegos, no pisamos Jarauta, no vivimos ninguna corrida en Sol, ni tampoco nos cruzamos con los gigantes y cabezudos… Está claro: en 2016, desde el día 6 en Pamplona.

A pesar de estas lagunas, el ritmo de estos días ha sido intenso. Sobre todo, por la noche. Con Labrit y Café Iruña como centros neurálgicos, conocimos gente nueva, tuvimos reencuentros con míticos, brindamos, reímos y bailamos. Un consejo: por mucho que os guste el jäger, dejadlo de lado en Sanfermines. En serio. Ni aunque a vuestro mejor amigo le den vueltas de más e invite a todo. No. Además de farra, vimos la salida de las peñas, escuchamos en directo el inmortal 20 de abril de Celtas Cortos, bebimos de botas de vino (y nos regaron las camisetas), mandamos audios vergonzosos, nos sacamos fotos con gafas y sombreros de venta ambulante, se montaron en la noria, me quedé afónico, vimos peleas y caídas… Los grandes clásicos de estos días, vamos.

El domingo fue un día duro. Fon, Carmen y Mouzi se marcharon y mi compañía sanferminera, también. Hubo un amago esa noche, gracias a que la abuela de Ángel nos acogió un año más en su casa para tener vista privilegiada de los fuegos, pero se quedó en eso: un amago. Entre trabajadores, ennoviados y sosos hicieron que mis Sanfermines acabaran pasada la madrugada del domingo 12. Cortos, pero intensos. Y siempre con buena compañía.

Insisto: en menos de 365 días, espero a estos tres galleguiños y a todo aquel que quiera apuntarse. El patrón y su gente os acogemos con los brazos abiertos. ¡Ya falta menos para San Fermín 2016!

Gran reencuentro de veteranos de guerra.

Gran reencuentro de veteranos de guerra.

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