Un crucero llamado Libertad

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No fueron pocos los que me dijeron que sus mejores vacaciones las habían pasado a bordo de un crucero. Que el amanecer cada día en un sitio distinto era algo increíble. Que la experiencia, en general, era única. Yo les creía y tenía puestas altas las expectativas, pero no me imaginaba que fuera a ser tan extraordinario. Hashtag #Gozar.

Desde que el 19 de diciembre gané en un sorteo un crucero para dos personas, gracias a Navarra Televisión, las ansias por montarme en el crucero fueron en aumento hasta límites insospechados. Así, una vez cerrada la fecha de partida y la compañía para el viaje (gracias, Beatriz, por todas las gestiones), la cuenta atrás fue una especie de dulce suplicio.

Valencia sería el puerto desde el que Larry y yo zarparíamos dispuestos a surcar durante una semana el Mediterráneo. Como la salida era por la mañana, tuvimos que hacer noche en Valencia. En Airbnb encontré una habitación baratilla y cercana al puerto. Eso sí, cuando llegué flipé con el barrio tan chungo en el que estaba. Después de una cerveza de reencuentro con Íñigo y un breve paseo por el puerto, llegó Larry. Unas notas de voz a la gente a modo de despedida, un pis y a la cama.

Jueves, 9 de abril. Día de la salida. Tras dar un agotador y largo rodeo por el puerto y coger un taxi inútil, conseguimos llegar al check-in. Ahí nos dimos cuenta de que no todos los pasajeros serían jubilados. Uf. Respiramos. Vimos familias, gente joven y un viaje de estudios de los Maristas de Alicante. Una vez acabado el largo proceso, llegamos al barco, el MSC Preziosa, y flipamos en colores. Por su descomunal tamaño, la gran cantidad de personas (3500 pasajeros + 1500 trabajadores) y el lujo que nos rodeaba. Volvimos a respirar al llegar a la habitación y ver que había dos camas y no una de matrimonio. Que corra el aire. Después de la primera toma de contacto, fuimos al restaurante a solicitar un cambio de turno de cena. ¿Qué coño es eso de cenar a las 18:30? ¿Estamos locos o qué? El maître nos dijo que éramos los primeros en solicitarlo, pero que esperaba una avalancha de españoles, como siempre.

Estrenamos el buffet libre, abierto todo el día salvo de 2 a 6 de la mañana, e inspeccionamos a fondo el barco. Lujo por todas partes. Jacuzzis, piscinas, salones, espectáculos… Con el sorteo, teníamos todo pagado, salvo el bono de bebidas que, por supuesto, cogimos. A los dos días, hicimos cuentas y ya lo habíamos amortizado. En él, entraban todas las bebidas, salvo los botellines de cerveza y los vinos y martinis de carta, y claro, había que probar todos los cócteles que normalmente uno no toma… Ya que mucha gente no conocía su existencia, convertimos el Jägermeister en bebida oficial del crucero. Lo que no logramos fue que todo el mundo aprendiera a decir Jäger en lugar de Jeggar, Liga Máster o elvenenonegroesequebebéislosnavarros.

Los dos primeros días, cenamos a las 18:30 por aquello de no saturarnos con la comida del buffet. Ahí conocimos a Miguel y Elena, alicantinos, y las hermanas Natalia y Majo, valencianas. Echamos risas, nos contamos nuestras vidas y comenzamos una larga lista de nuevas amistades.

El funcionamiento del crucero es el siguiente: es un viaje circular, en cada puerto sube y baja gente, por lo que cuando embarcamos en Valencia la mayoría de pasajeros ya llevaban varios días navegando. Cada noche, te llega a tu habitación el programa del día siguiente, con las actividades, espectáculos, planes y dress code para la cena.

El primer día lo cerramos catando uno de los jacuzzis, dejándonos la pasta en el casino (bueno, esto sólo uno de los dos, adivinad quién) y comprobando en la discoteca que sí había gente joven. Esa noche fue la más light de todas, no por mala, sino porque el resto fueron demasiado épicas.

Excursiones

El MSC Preziosa atraca en Valencia, Marsella, Génova, Roma, Palermo, Túnez y Mallorca. En nuestro caso, debido a los atentados de semanas atrás, cambiaron Túnez por Cagliari. En cada ciudad, el crucero propone varias excursiones que los pasajeros pueden reservar con antelación. Entre que suelen ser bastante caras y que a nosotros nos gusta ir a nuestro aire, pasamos del tema.

En Marsella, cogimos un bus que nos acercó al centro, dimos un paseo que nos sirvió para ver lo bonita que era la ciudad y cogimos un nuevo bus que nos llevó a la catedral de Notre Dame. Desde allí se ven estas vistas:

Marsella vistas

Curiosamente, en la catedral encontramos wifi, ya que estaban grabando un programa de televisión. Dimos señales de vida y, tras una nueva caminata, hicimos el camino inverso de vuelta al barco.

El puerto de Génova está bastante cerca de la ciudad, por lo que no nos hizo falta coger ningún autobús. De hecho, estuvimos a punto de no bajar porque amanecimos bastante tarde. Recorrimos su casco histórico, el cual, y no es por ser boinas, nos recordó bastante al de Pamplona. Al igual que con Marsella, nos sorprendió lo bonito que era todo. Haciendo el camino de vuelta, un negrillo de estos que venden cosas nos paró para darnos algo. Como suele suceder, le dijimos que no queríamos nada, pero nos explicó que no pedía dinero, que ese día regalaban pulseras como recuerdo del atentado contra los universitarios cristianos. Hablando con él, nos contó que había vivido en Burgos y nos regaló un elefante para tener suerte en el amor, en el dinero, ser feliz, encontrar gamusinos y ganar muchos más sorteos. Un buen tipo.

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En Roma sí que tuvimos que contratar una excursión. El puerto está a hora y media de la ciudad, por lo que o coges un bus o mejor te quedas en el barco. Desde el Coliseo, que es donde nos dejaron, y después de andar un rato, fuimos en un bus urbano hasta la Plaza de San Pedro. Gonzalo (en el barco, lo de Larry no lo conocían) compró un palo de selfies y le dimos bastante uso. Recorrimos toda la ciudad: Piazza Navona, Castel Sant’AngeloPanteón, las obras de la Fontana di Trevi, Plaza de España… Hasta nos cruzamos a un tipo con la camiseta del Eibar. Una buena pateada, más aún teniendo en cuenta que salimos del barco a las 7:00 y lo de dormir por las noches no ha sido lo nuestro. Pero bueno, mereció la pena la caminata. Para mí era la cuarta vez que pisaba Roma, pero Gonzalo no había estado y esa era una gran laguna. Además, nos compramos unas pulseras italianas a modo de lazo de hermanos. Y como recuerdo, claro. Si ya nos veía como Chandler y Joey (Friends), ahora mucho más.

roma

Palermo nos pareció una puta mierda. Es el mejor resumen que puedo hacer. Calles viejas, sucias, medio destruidas. El caos del tráfico italiano elevado al cuadrado. Aquí también pillamos otro bus y, al igual que en Marsella y Roma, volvimos a alucinar con que no haga falta pagar. Vamos, hay alguna maquinita dentro del vehículo, pero no hay otro método para pagar que el de tener tarjeta, y claro, para un turista que va a estar en la ciudad unas horas… Está claro, que eso no funcionaría en España.

Gente del crucero, como nosotros, chupando wifi gratis. Lo mejor que tuvo Palermo.

Gente del crucero, como nosotros, chupando wifi gratis. Lo mejor que tuvo Palermo.

A mí, Cagliari no me pareció nada del otro mundo, aunque a Gonzalo sí le gustó. Quizás es porque yo me imaginaba algo más paradisiaco al ser una isla o por el destrozo físico que llevaba encima, pero no vi nada salvable. Además, la ciudad estaba cuesta arriba, por lo que la matada fue aún mayor. Una pena que pasara lo de Túnez, me apetecía pisarla y ver algo diferente. Aunque, como ya me repitieron en el crucero más de una vez, no tengo mucho motivo para quejarme.

A Mallorca sólo bajé para conocer a Nunita, una amiga de Twitter. Ya conocemos la ciudad y Gon se quedó durmiendo, que estaba medio enfermo, así que fue una salida rápida. Eso sí, estuvo guay desvirtualizar a Nuna, se portó genial y es encantadora. Además, no salió un clima muy bueno, a diferencia del resto de días, donde el sol no paró de brillar y la temperatura era perfecta. Sí, estamos algo morenos. Envidiadnos.

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Espectáculos

Cada día, antes de cenar había un espectáculo en el teatro del barco. Nosotros fuimos a todos, salvo a uno italiano, que no nos llamaba mucho y seguramente nos pilló dentro de un jacuzzi. El primero, ambientado en el mundo de Avatar, se basó básicamente en acrobacias, trucos de magia y juego de luces. Al día siguiente, vimos un tributo a Queen y ahí primó, lógicamente, la canción. El tercero fue una ópera en la que duramos 5 minutos, ya que no nos gustó y, además, jugaba el Barça a la misma hora. El cuarto fue el más espectacular, ya que coincidió con la cena con el capitán: Alicia en el País de las Maravillas; participaron todos los artistas del equipo, que son bastantes, y mezclaron canciones, acrobacias, actuaciones, juegos y magia. Por ver ese espectáculo, fuera del crucero te cobran de 50 euros para arriba. El último fue una especie de can-can ambientado en el Moulin Rouge, muchas piernas de bailarinas y tal. Así que bien.

···

Pero lo verdaderamente guay del crucero han sido los pequeños momentos. Las risas en las cenas con gente que antes era desconocida, el descubrir cosas nuevas después de cinco días en el barco, el ver gente curiosa circulando por ahí, el descanso en los jacuzzis. Y poder compartir todo eso con más personas. No exagero cuando digo que Gon y yo nos traemos de vuelta a nuevos grandes amigos. Ya he nombrado antes a Miguel y Elena, a quienes esperamos ver patinando pronto por Pamplona; a Natalia, quien me llamaba cariñosamente Sanfer; a Majo, de quien me sigue sorprendiendo que sólo tenga 16 años; pero los hay muchos más: Jorge, con quien ya coincidimos en el check-in y a quien decidimos invitar a unirse con nosotros al verle un día solo en el casino; a Yaiza y Tato, una pareja por la que no dudaríamos en partirnos la cara cuando hiciera falta; al exótico matrimonio malagueño-ruso-polaco Román y Roksana; a Pepi, Lara y Cloe, madre e hijas tan encantadoras y luchadoras que han sido un ejemplo para todos; a los gallego-suizos Santi, Esteban y demás tropa, unos auténticos figuras; a Carlos y su mujer, quienes a pesar de aparentar poco más de 20 años, nos alucinaron con todo lo que habían vivido; o a guiris random, como Loïc (también conocido como Peter la Anguila, Gareth Bale o Macarena), el alemán fucking Daniel o los portugueses Paulo y Carlinhos.

Con ellos compartimos grandísimos momentos. Aún me pregunto cómo no nos echaron del crucero. Robamos fotos, tazas y ; lanzamos por el balcón la pizza de recena y hasta los platos; pasamos del aviso que decía que no se podía tirar papel de baño por el retrete (?); manteamos a un trabajador hasta que se estampó con el techo; les sacábamos copas a los chavales de 17 años; tocamos puertas ajenas mientras corríamos por el pasillo; y vacilamos a todo el que se nos puso por delante. Cuánto han debido descansar los trabajadores una vez que abandonamos el barco.

Cruella de Vil, Peter Griffin, el iluminado, el primaveras, Bananas, John Cobra… No nos resistimos a poner apodos con el paso de los días. Yo tampoco me negué ningún día a ir a El Dorado para escuchar a la cantante rubia, que amenizaba las noches con su voz y presencia. Disfrutamos con la facilidad de palabra de George, con sus legendarias frases “NanonanonanonanonanoGINTONIC”, “¿Quieres que te duerma? Te duermo, ¿EH? ¿QUIERES QUE TE DUERMA?” o ese “Barcelona-Barça” al que le invitaron una vez, todo muy “regulado”. Fuimos a la discoteca en pijama. Salvo algún cobarde pecador, nos tiramos por el tubo de agua. Rivalizamos jugando al comemierda, a ping-pong y echando pulsos, ya que en el karaoke no tuvimos rival. Vimos los partidos de Champions y un abuelete se atrevió a cuestionarme el origen de Raúl García. A MÍ. Por favor.

Cuesta volver a la normalidad después de estos días de descanso mental (que no físico). Se echa de menos no tener FOLLÓN cada día. Y es duro tener que pagar las bebidas de nuevo. Es complicado amanecer y no cruzarte siempre con gente diferente en el ascensor. O no poder ir al bar de la bolera y ver al tío gigante de la limpieza que daba miedo. Lo que no tardaremos en olvidar es el largo desembarco y lo que tuvimos que pelear para que no nos cobraran las propinas. Pesaos.

Todas estas cosas se echan en falta. Pero ahora ya sé que un crucero es una grandiosa experiencia. Y también estoy convencido de que algún día volveremos a coincidir varios de los aquí arriba nombrados. Hasta siempre, MSC Preziosa.

Foto techo

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6 comentarios en “Un crucero llamado Libertad

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