Alicante Shore

Alicante puerto

Alicante es sol permanente, gente amable y buenos precios. Alicante es desconexión de la rutina, es un fin de semana largo en un sitio diferente, una salida de la cuenca pamplonica hacia un pequeño paraíso bañado con agua cristalina e incisivos rayos de sol.

Alicante es un mensaje de Juanchi el jueves por la noche ofreciendo su casa y una pronta respuesta de Pablo y mía diciendo que allí íbamos. El verano es tan especial que hasta los que somos más cuadriculados nos podemos “lanzar a la piscina” e improvisar un plan en pocos minutos durante un juevintxo.

Alicante son casi 8 horas de viaje, sin peajes, bajando por la península sin más guía que un TomTom desactualizado. Es, también, un bañito en una piscina cuya agua estaba más caliente que muchos consomés que he tomado en mi vida. Es conocer a los amigos de Juanchi, ir a cenar con ellos a pie de playa y acabar la noche con un buen gintonic mientras hablas de aviones, Casillas, Putin, las mujeres posesivas o San Sebastián.

Alicante es libertad, manga ancha, verano sin límites. Aunque también hay ciertas prohibiciones

porros NO

…que no todos cumplen.

Alicante es dormir con la ventana abierta, la persiana subida, en gayumbos, intentando rascar una mínima corriente de viento. Y no conseguirlo, por supuesto.

Es “madrugar” para ir a la Cala de la Granadella, una de las mejores playas de la Comunitat. Es pasar previamente por la casa de la madre de Juanchi para conocerla y que nos salvara la vida con la neverita que nos dejó. Es asaltar el Mercadona y salir con comida para una semana y cervezas para llenar hasta arriba la neverita. Es llegar tarde a la cala porque te has perdido y gracias a un poli y a un tipo salido de MYHYV encontrar de nuevo la senda correcta.

La Cala de la Granadella ya no es Alicante, pero como si lo fuera. Anita, Nerea y Sara tampoco eran Alicante, pero conversamos con ellas igualmente. Fue oír que veníamos de Pamplona y, directamente, venirles la “Universidad del Opus” a los labios. Entrañable.

Cala de la Granadella

Las piedras de la cala no eran ni Alicante, ni señorío, ni valors, ni nada. Pero ahí nos tumbamos. Las medusas, mientras, atemorizaban a los turistas, pero no a Pablo y a Juanchi, dispuestos a bucear por las cristalinas aguas mediterráneas como si estuvieran grabando un documental de Jacques Cousteau. Yo tenía una cita con el sol y no podía faltar a ella.

Altea ya está más cerca de Alicante y por esas vistas mereció la pena el viajecito hasta la cala. Casitas blancas, muchos turistas, una boda. Un rinconcito que merece mucho la pena visitar.

Altea vistas

La ducha en Versalles sí que es Alicante. Las macro hamburguesas del Cowboy, también. El viaje en tranvía, sin duda. Y cargar en El Barrio, más todavía.

Cowboy

El cubalitro no sé si es un concepto universal o propio de la región alicantina, pero bendito él y quien lo inventó. El típico katxi del norte lleno del cubata que quieras por únicamente 3 euros. 3 EUROS. 3 E U R O S. Amazing que te cagas energy. Cada uno de nosotros pedimos varios de esos (siendo “varios” una medida que tiende a infinito), pero es que había que testar el tema para comprobar que era real y no un sueño.

Alicante es dirigirse hacia Marmarela, el nuevo club de moda de la ciudad. Es hacer una elipsis de 4 horas en el post de este blog porque lo que pasa en Alicante, se queda en Alicante.

Pablo, Iker, Juanchi, Rafa

Alicante es llegar a casa el domingo pasadas las 8:00 y amanecer tres horas después para ir a montar en kayak. En puto kayak. Ya aventuré lo que iba a pasar: mi espalda y mis mareos no tardaron ni diez minutos en aparecer. Pablo también flaqueó, así que mientras Juanchi y Pedro Luis seguían remando, nosotros nos quedamos en una cala pasando el día. Nueva cita con el sol, nos metimos buenas fichas estos días.

Alicante es quedarse arrugado en la piscina, conocer a la hermana de Juanchi y a su novio, irse a cenar con su padre al 100 montaditos. Es volver a catar esos sabores de helados tan dinámicos (ojito al philadelphia con arándanos). Es pasar la última noche, con la pena de que el final está cerca, pero abrazando la cama como si fuera tu novia a la que no ves desde hace meses.

Alicante es no madrugar un lunes, es desayunar lo que sobró dos días antes en la cala, es despedirse de Juanchi y de su padre (y darles millones de gracias) y poner rumbo de vuelta a Pamplona.

Abandonar Alicante es aprender de los errores y tardar sólo 7 horas en regresar a Pamplona. Es viajar con Fito, Red Hot Chili Peppers y Offspring. Es haber conocido más a Pablo, después de haber pasado tantas horas juntos. Es cambiar el sol y el +30º por la nube gris que cubre la cuenca y las temperaturas más norteñas.

Alicante es, ha sido y será. Porque volveremos, no os quepa duda.

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3 comentarios en “Alicante Shore

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