Magnolia

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Aprovechando que la semana pasada escribí para la Revista Magnolia sobre mi escena favorita de Breaking Bad y que el sábado por la noche salió dicha película en una conversación, tocaba ponerse frente a la pantalla y disfrutar de Magnolia, la obra maestra de Paul Thomas Anderson.

Que 188 minutos no solo no se hagan largos, sino que entretengan ya es un gran triunfo. Ayuda que sea una historia coral donde, además de los puntos en común de la trama, los personajes se entrelazan con un objetivo común: la búsqueda del perdón y el desarrollo de la capacidad de amar. Película puramente trágica, aunque con ligeros toques cómicos, presentes desde la misma introducción, con la narración de esos tres casos en los que Anderson nos deja claro que la casualidad está presente en el mundo. Para acabar de romper la cintura, nada mejor que una lluvia de ranas final, porque “estas cosas simplemente pasan”.

Con un magnífico elenco de actores a su disposición, Anderson consigue desarrollar diversas y variadas historias repartiendo el protagonismo entre todas ellas. Julianne Moore, William H. Macy, John C. Reilly, Philip Seymour Hoffman, Melora Walters, Philip Baker Hall, Alfred Molina y Luis Guzmán ya trabajaron con el director dos años antes en la provocadora Boogie Nights. A ellos se unen un excelso Tom Cruise, el histórico Jason Robards o Michael Bowen (recientemente visto en Breaking Bad como Uncle Jack), entre otros.

La escena de arriba es absolutamente poderosa, no se me ocurre un adjetivo mejor. Con el Wise up de Aimee Mann como hilo conductor, vemos cómo los personajes principales cantan la canción mientras conviven con su desdicha. Claudia, fiel a sus tiros de coca, y Jim con el crucifijo a la espalda; el eterno presentador Jimmy Gator, enfermo de cáncer y con la soledad como única compañera; el otrora niño prodigio Donnie, con su cheque gigante colgado en la pared, y su incapacidad sentimental como tormento; el moribundo Earl y su enfermero Phil, a quienes se unen la desdichada Linda y Frank T.J. Mackey, el hijo pródigo lleno de resentimientos; y, finalmente, Stanley, ese cerebrito que no se deja exponer como mono de feria.

Con Magnolia volvemos a comprobar que Paul Thomas Anderson es un director de actores. Cuentan que el guión lo escribió en tan solo dos semanas, centrando todos sus esfuerzos en desarrollar bien todos los personajes. Gran acierto. Aunque no se llevó ninguna estatuilla, la película estuvo nominada a tres Oscar:  guión, banda sonora y Tom Cruise como secundario.

Como curiosidades, Magnolia es el nombre de una famosa avenida en el Valle de San Fernando, lugar en el que vive Anderson y en el que se supone que transcurre la historia, de ahí el título de la película. Y la lluvia de ranas no podemos decir que sea tan sorprendente si atendemos a los avisos que Anderson reparte a lo largo del film, con varias referencias al número 82 y, sobre todo, los carteles que en los que se lee “exodus 8:2“, el pasaje de la Biblia que narra la lluvia de estos animales en Egipto.

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