La Princesa Prometida

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La Princesa Prometida es una historia que todo niño debería conocer. Una infancia sin ese “Me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir” no tiene sentido. Porque la película es buena, pero es que el libro es aún mejor.

Gracias a Teresica he podido devorar las páginas escritas por William Goldman. Como había visto la película hace miles de años, sin exagerar, solo recordaba pequeños detalles de la trama, así que ha sido como vivir todo por primera vez. De lo que no tenía ni idea es de lo troll que es Goldman. El tipo se inventa que la novela había sido escrita por un tal Simon Morgenstern años atrás y que su labor es la de editar y resumir ese tocho de páginas. Y la verdad es que ese recurso literario le da un cierto toque mágico al libro. De todas formas, las invenciones de Goldman no acaban ahí. Llegan hasta Florin, el país ficticio donde se desarrolla la trama, y a todas las referencias a su vida personal. Vamos, que no tiene un hijo que pesaba 150 kilos a los 15 años ni estuvo casado con ninguna psicóloga llamada Helen.

Hacedme caso, si no os habéis leído el libro, sería una gran lectura para este verano. Y después, revisionad la película. O vedla por primera vez, si habéis sido de esos niños con una infancia carente de sentido.

Y cuando lo hayáis hecho, tendréis esa sensación de no haber leído un libro mejor en vuestra vida. Y querréis saber qué pasa con Wesley, Buttercup, Iñigo y Fezzik después, cómo transcurren sus vidas. Y desearéis que la película, que el año pasado cumplió su 25º aniversario, fuera reestrenada mañana mismo.

O, al menos, eso me ha pasado a mí.

Del libro no sé qué más decir, porque son todo elogios. Es como cuando intentas describir cómo de bueno es Messi. No hay palabras.

Respecto a la película, se nota que ya tiene sus años, pero como ya he dicho, merece mucho la pena. El guión de Goldman, que él mismo se encargó de adaptar, pasó mucho tiempo de unas manos a otras, pues todo el mundo lo veía muy interesante, pero nadie se atrevía a plasmarlo sobre la pantalla. Hasta que llegó Rob Reiner y se lanzó a la aventura. Y gracias a Dios que lo hizo. El hombre que luego dirigiría otras películas como Misery o Algunos hombres buenos supo trabajar codo con codo con Goldman y llevar perfectamente su obra a los cines. Aunque la verdad es que su éxito no llegó tanto en la taquilla, sino cuando se lanzó en vídeo. Benditas recomendaciones.

No son muy conocidos los rostros de Cary Elwes (Westley), Chris Sarandon (Humperdinck), Christopher Guest (Conde Rugen) o Wallace Shawn (Vizzini). Algo más el de la ex mujer de Sean Penn, Robin Wright, que encarna a la princesa Buttercup; el mítico Peter Falk (Colombo) haciendo de narrador; o los inconfundibles 2,23 metros de André the Giant, ese bonachón Fezzik, un papel que estuvo a punto de ser representado por Arnold Schwarzenegger. Pero, sin duda, la caras más familiares son las de Mandy Patinkin, Íñigo Montoya en la película, y a quien ahora podemos ver como Saul en Homeland, y la de Billy Crystal, que en la película está irreconocible en su papel de Milagroso Max.

Espero que mi frágil memoria me permita recordar casi todos los detalles de esta historia sin necesidad de volver a releer este post. Ese “Fezzik, arráncale los brazos”; las luchas de Westley contra Iñigo, Fezzik y Vizzini; ed madimonio; que Íñigo Montoya es el mejor personaje español jamás creado…

—¿Íñigo?
—¿Qué?
—Espero que ganemos.

Ganasteis, Fezzik. Ganasteis.

fezzik-inigo-vizzini

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3 comentarios en “La Princesa Prometida

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