Tiempo muerto

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“Cuando no se encuentra descanso en uno mismo, es inútil buscarlo en otra parte” – François de La Rochefoucauld

No mentiré diciendo que la de arriba es una de mis citas célebres favoritas, pero tener a Francisco VI cubriéndome las espaldas es un argumento de autoridad suficiente para validar mis palabras.

Desde pequeño he escuchado que descansar no significa no hacer nada, sino cambiar de actividad. Una sentencia que, además de quedar muy bien sobre el papel, es totalmente cierta. Tan certera como que también son necesarios algunos momentos de no hacer nada.

NADA.

Como esos domingos de resaca en los que te arrastras por tu casa pegado a un botellín de agua. Igual. Pero esas son las excepciones, no la tónica general.

Ayer comenzaron las vacaciones de la mayoría de los universitarios de Pamplona. Los más afortunados, acabaron exámenes antes y ya llevan días disfrutando de la libertad. Los menos aplicados, aún tendrán que recuperar asignaturas en junio.

De cualquier manera, todos tendrán dos meses enteros de vacaciones. Y eso, para alguien como yo, que lleva año y medio casi sin descanso, es todo un lujo. Vale que mi trabajo es bastante cómodo, pero la desconexión total es absolutamente necesaria para todo el mundo.

Ayer fue uno de esos días en los que se juntan varias cosas y la saturación llega a un grado demasiado elevado. Y encima era lunes. Momento en el que te dan ganas de mandar todo a paseo y marcharte a un lugar donde no te conozca nadie. Y no regresar. Nunca.

Ari Gold Fuck you

Volviendo a la realidad, creo que no sería capaz de hacer algo así. Quizás un tiempo, unos meses, incluso un año. Pero no para siempre.

Tengo una amiga, Irene, que ha estado unos meses en Nueva York y, desde hace unos días, está en Kosovo. Telita.

Hace una semana vi una oferta de trabajo en la que se buscaba un periodista para estar dos años en la India.

Y todos conocemos a gente que ha estado un año en el extranjero aprendiendo inglés. O esa era su idea inicial, al menos.

Situaciones apetecibles, no cabe duda. Pero cuando te atas a determinadas cosas es difícil separarte de ellas. En mi caso, son conceptos más materiales que personales. El trabajo, el coche, el crédito… A ver quién es el listo que se va a la aventura y renuncia a su puesto de trabajo, tal y como están las cosas. Al estar soltero y no tener un núcleo familiar muy potente, los lazos personales se reducen prácticamente a mis amigos. Pero tampoco me imagino lejos de ellos.

Siendo realistas, la iniciativa nunca ha sido una de mis grandes virtudes. Lo único que tengo claro es que necesito un tiempo muerto este verano. Ya sea en Bilbao, Barcelona, Sevilla o Los Angeles. Desconexión, please.

Dejar el móvil a un lado. Hacer fotos bohemias en el casco antiguo de una ciudad. O enseñarle los pies al mundo con el mar de fondo. Ni Twitter, ni Facebook, ni Mourinho, ni Neymar. No pido un paraíso ficticio como el de los anuncios de Estrella Damm. Solo paz y planes que durante el curso no son posibles.

Se escuchan propuestas; se aceptan acompañantes.

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