Breakfast at Tiffany’s

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Da igual que me centre en la novela de Truman Capote o en la adaptación cinematográfica de Blake Edwards, Breakfast at Tiffany’s es todo un icono mundial. Más que el título, su protagonista, Holly Golightly, encarnada por Audrey Hepburn, auténtico referente para la inmensa mayoría de mujeres del mundo.

Porque es así. Te das una vuelta por los perfiles en redes sociales de tus amigas (porque a sus habitaciones no puedes entrar así por así) y descubres que la foto de Audrey Hepburn en blanco y negro, con esa larga boquilla que separa sus delicados labios de un cigarro, inunda Facebooks, Twitters, Tumblrs e incluso los rincones llenos de telarañas que pueblan Google+.

“Qué falta de originalidad”, puedes pensar. Quizás ese pensamiento cruzó mi mente en algún momento, pero que un mismo personaje cautive a tantas mujeres no es casualidad. Obviamente, no todas se identifican con ella. Habrá alguna que ni siquiera sepa quién es. Si eres mujer, estás leyendo esto y no sabes de quién hablo, probablemente seas una choni de polígono y la respuesta que me gustaría conocer es cómo has llegado a la Jungla.

No estoy de acuerdo con muchos de los planteamientos vitales de Holly Golightly, ni la del libro ni la de la película. En la versión de Capote, Holly es una total picaflor, fiestera y sin grandes preocupaciones. La encarnada por Audrey Hepburn tampoco demuestra un plan de vida mucho más elaborado, aunque el final que dan a la cinta deja cierto halo de esperanza. De cualquier forma, por mucho que no comparta su visión, uno ve esto y se queda embobado:

Además de descubrir a Audrey (porque sí, es la primera película que veo de ella, es lo que tiene no haber visto mucho cine antiguo), he redescubierto a George Peppard. Crecí con ese hombre, viendo cómo fumaba un puro y decía “me encanta que los planes salgan bien”. Y nunca imaginé que Hannibal, el líder de El Equipo A, hubiera sido en su día un galán en toda regla. Es más, aun a riesgo de que alguna se me tire al cuello con instintos asesinos, las miradas de Peppard son lo mejor de la película. Por suerte para mí y para mi cuello, hay chicas que comparten mi opinión de que esas miradas transmiten más que cualquier “te quiero”.

¿Entonces me leo el libro o veo la película? Haz como yo, lee primero la breve historia de Capote y luego compara sentándote frente a la pantalla. Las diferencias son abundantes entre la obra original y su adaptación, pero ambas merecen la pena. Lo peor de la película son, sin duda, los personajes añadidos, pero, aunque menos realista que el de la novela, me quedo con su final. Para gustos, las versiones.

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2 comentarios en “Breakfast at Tiffany’s

  1. Más vale tarde que nunca.

    Todavía recuerdo cuando hace no tantos años despreciabas -o, al menos, ignorabas- el cine clásico, jaja… ¡pronto te veré reseñando Centauros del desierto! Y si no, al tiempo.

    Soberbia película, pero Audrey tiene mejores.

    • Jajaja, despreciar solo he despreciado a los Centollos del desierto… Dudo que haya reseña en la Jungla porque es casi imposible que la vuelva a ver 😉

      Caerán más de Audrey, pero ya que me acababa de leer el libro, quería comparar y por eso he empezado con esta.

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