Amistades pasajeras

amistad-dedos

Pocos conceptos más erróneos se me ocurren que el de “amigo” en Facebook. Tu madre, un compañero de clase con el que nunca hablaste o la peluquería de tu barrio pueden ser tus amigos en esta red social. Amigo. Ya, claro.

Porque los amigos, como dice la sabiduría popular, se cuentan con los dedos de una mano. Con los de las dos, a lo sumo. Y es cierto que todos usamos una versión extendida de este término, pues pensamos en tantos colegas con los que compartimos nuestra vida, que es difícil dejarlos fuera de esa categoría. Es complicado, pero hay que hacerlo.

Piensa en cuántas personas has conocido a lo largo de tu vida. Miles. Y las que te quedan. Ahora haz un esfuerzo e intenta aplicar la etiqueta ‘amigo’ a todo aquel que la merezca. Posiblemente te salgan varias decenas. Y no te culpo, pues debería existir una especie de limbo donde cupieran todos aquellos que no llegan a ser un verdadero amigo pero son más que un mero conocido.

Porque… ¿Qué es un amigo? Un amigo es aquel que te conoce; que no solo se sabe tu vida de principio a fin, sino que además le interesa; es alguien con quien puedes contar aunque se juegue la final de la Champions y él tenga entradas; una persona con la que los silencios no son incómodos y las miradas son siempre cómplices; alguien que te dice sin rodeos que has hecho algo mal. Leyendo estas características, seguro que te ha venido un nombre a la mente. Bien, pues ese es un verdadero amigo. El resto, están por debajo.

En un principio, tenía la intención de dedicar este post a hablar de aquellos “amigos” que una vez estuvieron y luego nunca más se supo de ellos. Esas personas con las que en su día compartiste momentos, planes, cervezas, confidencias y que, de pronto, dejaron de formar parte de tu vida. Y no porque tú dejaras enfriar la relación. Esto se ve cuando en una conversación privada en Facebook, los últimos cinco mensajes son tuyos. Quizás haya un mes entre uno y otro, y la última respuesta de tu “amigo” sea un “Feliz año 2012!!!”. Hora de pasar página. No hay más. Si alguna vez se dignan a querer recuperar el contacto, que sean ellos quienes den el primer paso. Si lees esto y te das por aludido, estaré encantado de volver a hablar contigo. Si me invitas a un gintonic, todavía más.

Pero mejor volver a la parte positiva del post. La reivindicación de la amistad. En mi caso, creo que le he contado toda mi vida a dos personas. Uno, un verdadero amigo, de esos que nunca van a fallar. Otra, una chica con la que las cosas no pasan por su mejor momento, pero a quien sigo apreciando mucho. Quizás más de lo que debería. El resto de personas de este mundo conocen parte de mi vida, pero tienen lagunas. Hay personas a las que podría confiar más cosas, pero la falta de tiempo y, sobre todo, la distancia lo impiden. Porque la base de la amistad es confiar, no contar. Si no, con todo lo que he contado de mi vida en el blog y redes sociales, tendría miles de amigos. Hagamos la prueba, he aquí una serie de datos sobre mí:

Tengo la enfermedad de Osgood-Schlatter en la rodilla izquierda. Soy un maniático de la ortografía. Si quieres enamorarme, prepárame un postre con fresas o plátano. La última vez que subí un monte fue el Pico de los Infiernos (3.082 metros) y estuve a punto de morir. Soy zurdo de pierna. Me rompí una pala jugando a rugby con la papelera en 1º de primaria. Suelo llorar con las películas. Me encanta la sidra. Sueño cosas muy raras. Según mi profesor de Educación Física, podría haberme dedicado a correr los 100m. Intenté aprender a tocar la guitarra, pero no duré más de dos días. Tengo canciones de Chayanne en mi lista de reproducción. Nunca he cascado un huevo.

Y así podría seguir varios párrafos. Algunos seguramente ya conocíais varias de estas cosas; otros, ninguna. ¿Ahora ya somos amigos? Pues no. Esto es contar, no confiar. Son puros datos que no me importa que los sepa la gente. Para llegar a ser amigos, tengo que confiarte mis más profundas intimidades y escuchar las tuyas. Esa es otra. Hay gente que habla y habla y habla. E incluso a quienes se nos da bien escuchar, a veces tenemos una imperiosa necesidad de desahogarnos.

Y, aunque este post no tiene ninguna intención de sentar cátedra sobre el tema, un consejo: rodéate de buena gente, conoce a tantas personas como puedas y confía en quien creas que merece verdaderamente la pena.

PD: maldita la hora en la que se me ocurrió buscar en Google “amistad”, “amigo”, “friendship” para ilustrar con una imagen el post. Casi poto.

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7 comentarios en “Amistades pasajeras

  1. Bien dicho, Ikercico. Siempre viene bien recurrir a “El último encuentro”, de Sándor Márai, para profundizar más sobre una realidad tan rica como la amistad. Para algunos supera incluso al amor de pareja.
    Un abrazo.

  2. Como siempre un tema muy extenso en el que habría mucho que comentar… Pero me centraré en hablar de algunas pequeñas cosas que me vienen a la mente después de leer tu post… Por supuesto para la amistad es mejor el estar cerca, pero la distancia no tiene por qué ser un impedimento para que entre dos personas haya verdadera amistad si ambos se lo proponen. A lo largo de la historia, grandes amistades se han mantenido por carta, y yo misma a día de hoy tengo una Amiga en Perú y otra Amiga en Pamplona, entre otras. Sí que es cierto, y cada vez estoy más segura de eso, que los amigos se cuentan con los dedos de la mano. Para mi la amistad radica en el interés (mutuo) de compartir y confiar… Para mi no es amistad aquella relación en la que uno sólo habla y él otro sólo escucha. Hace poco me pasó, me dijeron: Oye pues qué faena, aquí estoy para cuando me vuelvas a necesitar… Es una frase que realmente agradecí, pero para mí fue más propia de un psicólogo que de un amigo… aunque puede que muchos se me echen encima por decir esto, creo que un Amigo habría apuntado: Oye, te entiendo y estoy contigo en esto. Como dijo el gran Eduardo Terrasa: Un amigo no es una oreja. Hay gente que no se siente mi amigo que me gustaría que lo hiciera… Porque a fin de cuentas un amigo se identifica contigo, siente contigo, camina contigo por el mundo y a nadie le gusta estar solo.

    • Lo de hablar y escuchar ya lo apunto en el post.

      Respecto a lo de la distancia, hay cosas que yo no puedo contarle a alguien si no es en persona. Por supuesto que tengo amigos en muchas partes del mundo, el firmante del primer comentario es prueba de ello, pero es porque ha habido un conocimiento previo en persona.

      Hay gente a la que podría llegar a confiar cualquier cosa, estoy pensando en una chica que vive en la otra punta de España, pero hay temas para los que no son válidos ni el whatsapp, Facebook , Skype o cualquier otro medio de comunicación. La conversación 1.0 es inmejorable. Para cosas más cotidianas, por supuesto que sirven este tipo de vías. Qué voy a decir yo, que hago uso de ellas constantemente.

  3. En la distancia uno sólo puede mantener la llama que se formó anteriormente. Es imposible que una relación crezca en serio a miles de kilómetros.

    Y Belén, lo de que la relación de amistad puede ser más fuerte que la de pareja no es una idea mía. Ya Platón hablaba de ello. Ten en cuenta dos cosas:
    1) En la amistad entre dos personas del mismo sexo hay un grado de comprensión al que no se podrá llegar entre un hombre y una mujer (o viceversa).
    2) La amistad es netamente desinteresada. En la relación de pareja hay un compromiso -verbal y legal- ; es decir, hay un interés. Dicho de otra forma, se espera y se merece una correspondencia a la entrega. En la auténtica amistad, no. Por eso os recomiendo “El último encuentro”.

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