El día que conocí al guardián entre el centeno

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Eres Iker, ¿no?“. No es muy habitual, o al menos a mí no me sucede a menudo, que al acabar una sesión/charla/conferencia, el ponente se te acerque y te pregunte si tú eres tú. Supongo que Twitter y los demás avances tecnológicos hacen que esto no sea un hecho aislado y que las desvirtualizaciones estén a la orden del día.

Y, efectivamente, eso es lo que pasó ayer. El guardián entre el centeno acabó su sesión en el aula 5 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, mi querida fcom, y entre los corrillos que se formaron a la salida, me miró y formuló la pregunta. “Eres Iker, ¿no?”. Fue una situación de bloqueo tal, que no hice otra cosa sino repetir el gesto y las palabras que él dirigió a David Gistau años atrás: pulgar hacia arriba y un “qué grande, sigue así”. Eso sí, por suerte para mi dignidad, todo rodeado de gente y no desde un coche a altas horas de la madrugada, como se produjo el encuentro con Gistau.

Para quien no le conozca, el guardián entre el centeno (@guardian_el_), además de ser el título del gran libro de J. D. Salinger, es la identidad bajo la que se oculta Javier. Este joven santanderino (concretando lo de joven: mayor que yo, menor que Marujita Díaz), licenciado en Empresariales, es el autor del Manual del buen vividor, un blog de Elle que cada vez tiene más seguidores. No en vano, la descripción del autor en él es “Libros, canciones, películas, restaurantes, copas, noches y chicas. Eso es lo que soy”. Sin duda, un suculento reclamo tanto para ellos como para ellas.

Tal es el seguimiento que tiene cada uno de sus posts que ayer el aula 5 estaba a rebosar. No sé si el interés superaba a la curiosidad ni qué conclusiones sacó cada uno, pero a mí el guardián me pareció un tipo interesante. Y Xabi Alonso también lo cree. A la forma en la que transmite sus vivencias hay que sumarle el atrevimiento y las ganas que le pone. Como él mismo dijo poniendo como ejemplo una escena de El secreto de sus ojos, se puede cambiar de todo salvo de pasión. Porque tener un trabajo que ocupe todo tu día y, además, dedicar tiempo a un blog tan trabajado no es nada fácil. Pero a ver quién se resiste a las espectaculares chicas de Elle. Yo también les habría entregado hasta el riñón si lo hubieran pedido.

Tras la sesión, que se quedó un poco corta de tiempo tanto en la exposición como en las preguntas, llegaron los corrillos de la salida. Esas conversaciones con unos y otros, compartiendo experiencias, confirmaron que las expectativas estaban cumplidas. Quizás mucha gente no se imaginaba al guardián vistiendo un traje de raya diplomática, pero después de escucharle, quedó claro que tiene el suficiente talento como para seguir atrayendo lectores durante mucho tiempo.

Como bien le dije por Twitter días antes, fue listo al venir un jueves a Pamplona. Un juevintxo tras la sesión es un plus muy serio. Espero que el guardián diera tan buena cuenta de los pintxos y los tintos como hice yo y se rodeara de tan buena compañía como la que yo tuve. De lo que no hay duda, más que nada porque lo vi con mis propios ojos, es de que lo de los gintonics no es un mito. Al guardián le gustan los gintonics.

Kabiya fue el escenario de una noche donde las interesantes charlas con el guardián dieron paso a un tierno surrealismo. Solo así se explica cómo se pasa de una discusión sobre Bukowski a encontrar a @tbeitia en el suelo con una calcomanía pegada en la frente gracias a una asquerosa mezcla de saliva, hielo y gintonic. Entre medio hubo tiempo para que yo le preguntara al guardián por Christian Bale (cómo no), a que acabáramos con las reservas de caramelos del Kabiya, y a que Arribas, Damià, Lolo y Flaño, jugadores de Osasuna, nos miraran de reojo con cierto asombro.

Una noche que yo compartí con TeresaCrislo, Marta, Delro, Gabriel y Vito. El guardián, fiel a su copa llena en la mano, seguramente repasó su estancia en Pamplona con el busto de Hemingway que preside la habitación del hotel donde se hospedaba. Que el viejo Ernest y quien quiera que oiga de nuestra existencia nos tenga en el recuerdo.

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4 comentarios en “El día que conocí al guardián entre el centeno

  1. Buena entrada; unicamente una cosa: el guardián entre el centeno estudió en Madrid pero es de Santander, otro cosa buena que dió la tierruca. Un saludo.

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