Lord of War

El Señor de la Guerra es una película difícil de ver. Y de entender. No es apta para todos los públicos. Eso sí, si eres capaz de meterte en ella, la disfrutarás. Tiene un enfoque distinto al del cine convencional, tanto en su forma de presentar la historia, a veces con un aire documental, como en su intención, con un claro objetivo de concienciar a la sociedad.

La historia, por desgracia basada en hechos reales y actuales, presenta a Yuri Orlov (Nicolas Cage), un americano de origen ucraniano que se erige como el mayor traficante de armas del mundo. Creciendo desde abajo, involucrando a su hermano Vitaly (Jared Leto), consigue hacerse con todo el poder, llegando a casarse con su amor platónico, Ava Fontana (Bridget Moynahan), y escapando una y otra vez del agente de la Interpol, Jack Valentine (Ethan Hawke).

Ese punto de concienciación social se ve no solo con los hechos presentados, sino también por la falta de redención de Yuri. Lo pierde todo, pero aun así, sigue con ello. Y, ¿por qué? Porque es el mejor. Lo hemos oído muchas veces: el poder corrompe. Tal vez no lleguemos a experimentarlo nunca, al menos no a tan gran escala, pero es así.

El cine, como he dicho en alguno de los últimos posts, tiene diferentes objetivos. En este caso, la reflexión es obligatoria. Sin llegar a destripar la película, se pueden destacar varias frases:

“Hay unas 550 millones de armas circulando por el mundo. Eso es 1 arma por cada 12 personas que habita el planeta. La pregunta es: ¿cómo armamos a las otras 11?”.

“Nunca estés en guerra, especialmente contigo mismo”.

–“¿Así es como te gustaría ser recordado?”
–“No quiero ser recordado; eso significaría que estoy muerto”.

“Hay dos tipos de tragedias en el mundo: una es no conseguir lo que deseas; la otra es conseguirlo”.

“Te diría que te fueras al infierno, pero creo que ya estás en él”.

“¡No me importa si es legal! Está mal”.

“Creo que he sido maldecido. Maldecido con el poder de ser invencible”.

Y, ojo, que esa reflexión de la que hablaba antes no solo tiene que ver con el tráfico de armas, que posiblemente no nos afecta directamente, sino que se puede extrapolar a ámbitos de nuestro día a día. Cada uno verá cuáles.

Respecto al reparto, todos mantienen un nivel muy alto a lo largo de la película. Cierto es que no son papeles muy complejos, ya que el drama está presente en las dos horas de metraje, pero aun así, buen nivel. Destaco a Nicolas Cage, al que en muchas veces se la achaca que siempre tiene el mismo gesto. En está película no tiene mucha variación facial, pero hay que reconocerle que aparece en TODAS las escenas (no lo he comprobado, pero creo que es así) y aguantar al mismo tipo durante casi 120 minutos no es fácil. Bien, Nick, bien.

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