La teoría de los nombres

Semanas atrás, me dieron la noticia de que una amiga estaba embarazada. Qué bonito. Hace unos días, la futura mamá me comunicó que la criatura iba a ser niña y me animaba a presentar mis propuestas, cual brainstorming, para decidir su nombre.

No solo le mandé mis sugerencias, sino que, además, le expuse mis teorías sobre los nombres. Las cuales, cómo no, paso a explicar en las siguientes líneas.

Iker Huarte. Ese soy yo. De pequeño, no me gustaba mi nombre. Crecí rodeado de Pablos, Javieres y Jaimes por un lado; Garcías, López y Martínez, por el otro; y, en algunas ocasiones, todos en el mismo lado. Pero ningún Iker, solo yo. A ver, tampoco me sentía como el patito feo, pero cuando uno es crío, no le gusta ser diferente. Poco a poco, y gracias en parte a Iker Casillas, mi nombre se fue volviendo más popular. De hecho, en los últimos años, en Navarra encabeza la lista de los nombres más comunes, y no es raro que se me santifique cada vez que el mejor portero del mundo hace gala de sus grandes reflejos.

Ahora no solo no me disgusta mi nombre, sino que me siento bastante exclusivo. Entrando en el terreno de la comunicación, si cada persona fuera una marca, ikerhuarte sería un producto de edición limitada. Se ve en el mundo 2.0 a la hora de elegir nombre de usuario o dirección de correo, nunca salta el aviso de que ese nombre ya está en uso. Y, si lo estuviera, siempre hay otras variantes: en su día, fui rebautizado como tuiker. Pero esta exclusividad también se ve en el mundo 1.0, en la vida real. Un “¿conoces a Iker?” o “esto lo ha hecho Iker” no dejan lugar a dudas y, en caso de que las dejaran, sumándole el Huarte, ya está claro que se refieren a mí.

Yendo más allá de este pequeño autohomenaje a mi nombre, siempre me ha parecido curioso cómo unos nombres nos gustan más o menos dependiendo de las personas que conocemos que se llamen así. No siempre, claro. Hay algunos nombres que son bonitos o feos de por sí, objetivamente. Pero, en la mayoría de casos, las referencias externas nos marcan el camino.

En este caso concreto, no voy a poner los nombres femeninos que no me gustan, no vaya a ser que alguna lo lea y se mosquee, pero sí mis favoritos. Y aquí llega el punto donde, después de haber dado la chapa con la exclusividad de un nombre poco común, me contradigo y afirmo que los nombres que más me gustan son Paula, Cristina, Laura, Leire, Natalia… Esos a bote pronto. Luego podrá venir alguien y preguntarme “¿Y no te gusta Lucía?” Pues sí, también me gusta, pero si pongo todos los que me gustan, no acabamos nunca. Ya haré una #GuerraDeNombres cuando me toque a mí estar en la situación de mi amiga.

Dentro de las referencias externas, no solo se encuentran las personas. También están las canciones, películas, libros… Un ejemplo. El nombre de Victoria no me decía nada antes, pero llegó el día en el que descubrí la canción que está al final del post (original de The Kinks) y ya sumó muchos puntos.

Después, al menos a mí me pasa, hay nombres que dan pereza. No es que me disgusten, pero yo no llamaría nunca así a mi vástago (me flipa esta palabra). También omitiré este listado que las mujeres sois muy susceptibles y os enfadáis por nada. Alguna ya se habrá enfadado por esta última frase…

Y, por último, pero no menos importante, no hay que ser cabrón. Si te apellidas Fernández, no le pongas Fernando. Es de cajón. Uno de los casos más extravagantes que conozco es el de un chaval de la Universidad que se llamaba Láncelot Caballero. Olé tú. El nombre no es horroroso, pero nunca le faltarán las coñitas del rollo: “¿Y qué tal le va a Arturo con la Xcalibur?”.

Al final, los que deciden son los padres, que para eso han puesto los medios. Y, en última instancia, elegirá la madre, que son ellas las que mandan.

Gracias a la aportación de Iñaki, edito el post para incluir esta canción del gran Johnny Cash. Fijaos en la letra, porque le va que ni pintada al post.

Anuncios

2 comentarios en “La teoría de los nombres

  1. Jajaja, coincidimos en muchas cosas… Una graciosa, que sabes, es que cuando creíamos que lo que venía era chico (1978) decidimos que se llamaría Iker; pero luego resultó que el médico se equivocó y era nena, así que mudamos y fue… Paula. Así que, en lo que a ti respecta, hicimos ‘pleno’ en nombres con gusto.
    Para tu tormenta de ideas sobre nombres aporto mi entrada de hace algún tiempo: http://pacosancho.net/?p=252

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s