La vida en rosa

Si hace dos años alguien me llega a decir que iba a ser jefe de prensa de un equipo de baloncesto femenino, las risas se hubieran escuchado desde Singapur. Pero la vida da muchas vueltas. Y ahora puedo afirmar que decir que sí a la oferta que me presentaron allá por noviembre es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

Me encanta el deporte. Practicarlo y verlo. Pero nunca había vivido la experiencia de formar parte de él. Y es una sensación magnífica. Aunque los resultados no hayan acompañado y UNB Obenasa Lacturale haya perdido la categoría, han sido cuatro meses estupendos. ¡Y los que serán!

Ha sido una temporada intensa. Y eso que yo me incorporé tarde. Problemas burocráticos, jugadoras que vienen, jugadoras que van, árbitros… Me río yo de las quejas de Barça y Madrid por los arbitrajes. Pero, a pesar de eso y de la mala fortuna en lo deportivo, la labor social que se realiza desde el club y la categoría personal de todos los que integran la gran familia de UNB es de otro nivel.

Al redactar las previas de nuestros partidos, visito las webs de los otros equipos y me informo de su situación. Sin duda, lo que se hace aquí, no se repite en muchas ciudades. Las visitas educativas que realizan las jugadoras son muy enriquecedoras, tanto para los chavales como, por qué no decirlo, para todos los que participamos en ellas. Y la afición, siempre a nuestro lado, lo agradece animando cada sábado en Arrosadía.

Ayer finalizó la temporada. Lo hizo con casi 150 chavales participando en un campeonato 3×3, el último partido del año y la posterior cena y post-cena de equipo, técnicos, directiva y colaboradores. Un final a la altura.

Sería injusto hablar de unos y no de otros, porque la familia (porque es eso: una familia) de UNB es muy grande y seguro que me dejo a alguno, así que todo se puede resumir en que el cariño que le he cogido a esta “gentucilla” en menos de cuatro meses ha sido increíble. Habrá jugadoras que no estarán la próxima temporada y me da pena no haber tenido más contacto con muchas de ellas. Solo espero que se lleven la misma sensación del club que tengo yo.

Y, si al principio del post decía que las risas habrían sido estruendosas de haberme vaticinado tal futuro, aún se seguirían escuchando esas carcajadas si me hubieran dicho que derramaría lágrimas y sufriría más por ese equipo de baloncesto que por Osasuna. Y así ha sido. Eso sí, creo que mis amigos aún se han sorprendido más por esto. De hecho, se interesaban por el equipo repitiendo siempre la misma pregunta: “¿Qué tal tus chicas?“.

Así que solo puedo decir GRACIAS. Después de Semana Santa, volveremos con más ganas y empezaremos a trabajar con más ilusión si cabe en la próxima temporada. Porque, como suele cantarse en el Reyno de Navarra, “ser de los más grandes es muy fácil, lololo, ser de Obenasa nos parece mejor”. ¡Aupa UNB!

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4 comentarios en “La vida en rosa

    • ¡Gracias! La verdad es que es uno de los posts de los que estoy más orgulloso, y me está sorprendiendo toda la difusión que está teniendo.
      Yo que tú, me quedaría más tiempo en Pamplona y pediría ir a cubrir la información del equipo… 🙂

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