Gracias [JMJ]

Pasar en Madrid unos días de vacaciones en pleno agosto puede parecer una locura. Más aún cuando la ciudad se llena de más de un millón de nuevos habitantes esa semana. Ir era una locura; quedarse en Pamplona, un error.

Llegar, después de un tranquilo viaje en coche, asentarse en la ciudad y ver la vuelta de la Supercopa (Barça 3-2 Real Madrid) hacía presagiar que eso sólo era un bonito comienzo de unos días muy grandes.

Calle Alcalde Sáinz de Baranda. Ahí, en el bonito piso de Rubén, a quien le agradezco eternamente su gran hospitalidad, cargaba pilas por las noches. Eso sí, vivir en Pamplona (ciudad ligeramente más pequeña que Madrid) y tener coche propio, me tiene malacostumbrado. Las largas caminatas para llegar al piso son muestra de ello.

El jueves dio comienzo el tour por Madrid. Quedar con una vieja gloria como Vigu para ir a Las Rozas Village fue grande. Más aún lo fue su esfuerzo por recogerme en coche, sortear las numerosas calles cortadas y llegar a nuestro destino. Después de un rato mirando tiendas y modelitos, llegó la hora de pisar la mansión Gardeazabal. Allí, donde un bonito batmobile descansaba bajo el sol madrileño, pasé el resto del jueves. Una agradable tarde hispano-americana, incluyendo comida y cena, piscina, UNO, cine (sí, he dicho cine, lo que nadie ha conseguido hacer en Pamplona, lo lograron en Madrid. El poder de las mujeres…), SingStar (me dejé ganar) y vuelta a la ciudad para acabar el día, cómo no, de una gran forma. Ver a viejos conocidos de Baiona, encontrarse por sorpresa con los batanos, reunirse con grandes clásicos como el guaje Alonso, compartir momentos con gente de todas las partes del mundo. Y volver a casa andando. Eso sí que fue todo un peregrinaje. Al menos no fui el único. Calles desiertas a las 4 de la mañana y me encuentro con Borjita, que también ansiaba una cama en la que tirarse.

Superman fascista en el bareto madrileño.

Viernes. Por la mañana, cargar fuerzas, comer y despedir a Rubén, pasear por el Retiro y ver el Via Crucis del Papa bajo el sol en la calle Alcalá. Una pena que el encuentro con Alejandra no pudiera ser. Estar unas horas solo por Madrid da para mucho: ver a un grupo de africanos comiendo magdalenas (empalagoso es poco), disfrutar con los cánticos de los grandes grupos, y, sobre todo, ver muchas sonrisas en caras desconocidas. Gratificante. Después de un intercambio de sms con el señor Araluce, por fin nos encontramos en el Vips de Lista. Jamás pensé que 2 litros de Fanta naranja pudieran saber tan bien. Lo que no me extrañó tanto fue el buen sabor del bocata de lomo con queso que nos tomamos después en un pequeño bar de Madrid, “teta de novicio”, en palabras del dueño. Después, una vez activada y utilizada la tarifa de llamadas gratis en fin de semana, repetimos en el bar del día anterior. Si ya el jueves había visto a gente conocida, el viernes no fue menos: los hermanos Conde, Kiks, Petaki, Josito, el cantante de Jaula de Grillos… Alguno lo bautizó como ‘Lamentable VI’, nunca llueve a gusto de todos.

El sábado me despedí de Sáinz de Baranda y quedé con Íñigo y Rocío, con quienes comí en el Retiro y emprendí el viaje hacia Cuatro Vientos. Calor y cansancio es decir poco. Y, además, sin acreditación. Metros abarrotados, masas de gente, momentos de desesperación. Pero gracias a esos héroes anónimos que te tiraban agua, lo logramos. Zona G4, entre australianos y franceses. Ahí pasamos la tarde, escuchando al gran Javi Nieves, esperando y acompañando al Papa, luchando contra los momentos de lluvia. Intenso. Todo cambió a las 23:00, momento en el que me reuní con Araluce, Arza y Paco. Plan de ataque preparado, acreditaciones conseguidas, salto de valla realizado. Eso era una especie de aduana o el muro de Berlín. El caso es que ya estábamos en el lado bueno y con papeles. En teoría nos tocaba la zona F7, es decir, atrás del todo. En teoría. Después de recorrer el recinto varias veces, hacer un amago de cena con un bocadillo plastificado, conseguir quedar con el mítico Fonsi, tener encuentros casuales entre los que destaca Íñigo Pardo, encontramos un hueco perfecto para cuatro personas en la zona D1. Obra seguramente de la Providencia, ese lugar era perfecto. Perfecto para todo menos para dormir. Nos tumbamos (yo con saco, ellos sin) esperando cerrar los ojos y caer al instante, pero no. Gente y camiones de basura pasando, incapacidad de movimiento y una especie de oso roncando al lado lo pusieron muy difícil. Después de un rato en el que mis pies descansaban junto a la cabeza del señor Araluce, Paco decidió irse a casa. Eso sí, antes de irse nos dio unos bonos para el metro. Pequeños grandes detalles. Su marcha me vino bien porque dupliqué mi espacio y pude dormir algo.

Domingo, 7 de la mañana, y la fuckin’ megafonía anunciando que los 26 niños (y la señora polaca de 83 años) perdidos durante la noche ya habían sido hallados. Bien por ellos. Los niños pasan, pero la canción “Firmes en la fe” casi me quita la misma a mí… He de decir que pasé miedo en el baño. Decenas de mujeres histéricas por la ausencia de agua. Ejecutar y largarse. Apoyados en la valla de nuestra gran zona, vimos pasar mucha gente. Myriam, con una cara de empanadilla de Móstoles tras haber pasado la noche haciendo de voluntaria, era una de ellas. Un sandwich de nocilla, Misa celebrada por el Santo Padre y peregrinaje de vuelta. Al igual que en la ida, sombrero, gafas de sol, mochilón y bandera de Navarra. El retorno a casa de Ulises en La Odisea supongo que fue algo parecido a lo que vivimos nosotros. Metros bloqueados, autobuses a reventar y horas por delante. Carabanchel Alto, Plaza Elíptica, Nuevos Ministerios, Las Rozas. Parece fácil, pero fue un largo proceso. En la estación de Las Rozas me esperaba Blanca que, al igual que en la ida, me recogió (lo poco que quedaba de mí). Llegamos a su casa a la vez que sus padres. Carlos y Almudena, a los que reconozco que tenía ganas de conocer, fueron aún mejores anfitriones que sus hijas. Una buena ducha y una gran comida para la vuelta fueron pura salvación. Como ya dije, jamás volveré a cuestionar los consejos de una madre. Me despedí con pena de la familia Gardeazabal y de Will, camino de la estación para recoger a Íñigo y Rocío. M-40 + A-2, como me dijeron mis papis madrileños, y conseguimos salir de Madrid. Parada para comer, música y aire acondicionado ON, copiloto dormido y vuelta a Pamplona. Salvo un ligero error, conseguí volver sin problemas, así que voy mejorando mi mala orientación.

Estoy convencido que la palabra que más he repetido estos días ha sido ‘gracias’. Sin embargo, debería estar diciéndola 3 días seguidos como mínimo para corresponder a todo lo que tantas personas han hecho por mí y por los demás estos días. Gracias. Gracias. Gracias. Habrá tiempo para asimilar todo lo vivido estos días. A corto plazo, me quedo con la gente que he visto. Tanto los que ya conocía, como a los que me han presentado. Me hubiera gustado tener más encuentros casuales con más gente, porque me han faltado muchas personas por ver, pero todo no puede ser. Seguramente me dejo cosas por contar, algunas sé que no las he escrito porque son pensamientos internos propios (queda bien decirlo ¿eh?), pero estas JMJ quedarán en el recuerdo por mucho tiempo.

Ah, una cosa más: GRACIAS.

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4 comentarios en “Gracias [JMJ]

  1. Gran reportaje!! con todo lujo de detalles!!
    Yo también hice prácticamente el mismo recorrido que tú en metro dirección Las Tablas,fue tremendo!!

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