Mallorca: Operación descanso

Coger un coche el 15 de julio, después de haber vivido unos intensos Sanfermines, para ir a Salou, de ahí a Reus y, finalmente, llegar en avión a Mallorca puede parecer una locura. Pero el mundo está hecho para los valientes y, en su defecto, para los que necesitamos descansar.

11 días offline, al menos yo, que carezco de blackberry o aparato similar. Descanso, playa, piscina. La buena vida. ¿Y no habéis visto las Cuevas del Drach? No. ¿Y no habéis ido a Puigençá del Cuní? No. ¿Y a Biniseillles des Pustufletes? ¡Que no, coño! Ese no era nuestro plan de vacaciones. Cero turismo, todo descanso. Aunque bueno, hemos visto cosas, que no sólo hemos estado tomando el sol. Gracias a Almu, disfrutamos de una impresionante calita y la playa de Portals, y la catedral de Palma también gozó de nuestra presencia.

Jaime Calabuig, Javier Vergara, Iker Huarte, Gonzalo Larrondo, Javier Araluce.      No hace falta decir nada más.

Dicho esto, vamos con la experiencia empírica de la estancia en la isla. ¿Quién iba a imaginar que un saco de patatas y unas hierbas provenzales dieran tanto de sí? Sólo nos faltó desayunar eso. Aunque desayunar a la 1 del mediodía ya no sé si se admite como primera comida del día… No es que se estuviera tan a gusto en la cama que no quisiéramos levantarnos, sino que los horarios sufrieron una ligera modificación. Una cama de matrimonio y una colchoneta hinchable fueron punto de rotación para los otros 4 inquilinos del lujoso apartamento, mientras yo me adueñé del sofá-cama, cuya apariencia resultaba engañosa. En cualquier caso, nada comparado con la casa en vía Roma (eterno agradecimiento a la familia Vergara Alemán).

A lo que iba: Mallorca, esa ciudad donde los chóferes de los autobuses podrían competir con Sebastian Vettel por el Mundial de F1; esa ciudad donde lo más expresivo que te encuentras es una frustrada nutricionista andaluza entre tanta batana; esa ciudad donde Pantani se convierte en Pandiani; ese lugar donde esperas encontrarte a tus amigos en el aeropuerto aguardando tu llegada, así como monos y parajes exóticos y te das de frente con el infernal bus nº3; esa isla donde prefieres tu bocata de tortilla casero a compartir lugar con CR7 o Paris Hilton. Ay, Mallorca, Mallorca. Hemos tenido el privilegio de compartir vecindario con la realeza, teniendo al lado el Palacio de Marivent. Tal vez sea por eso por lo que sólo hemos pisado la playa de Cala Major una única vez a pesar de tenerla a 5 minutos de distancia. Por favor, ir a la playa es de vulgares, o sea, me quedo en mi piscina privada escuchando la repetitiva tonadilla “piedra, papel o tijera, 1, 2, 3” mientras cuento los escasos minutos de vida que le quedan a ese niño antes de morir ahogado.

Todo eso no evitó que se reeditara el partidillo de Salou, donde los Gatos Pepino (Larrondo & Huarte) se impusieron claramente a los Perroflautas (Vergara & Calabuig), ante la atenta mirada del colegiado Araluce Arvizu. Tal vez fuera por la derrota por lo que el apodado pincelín estuviera a punto de causar estragos con el balón un día después. Vamos, que entre eso y la última carrera para coger el bus que nos llevaba al aeropuerto, se puede decir que hemos hecho deporte.

No, no es una imagen tomada de Google. Son las vistas desde la terraza del apartamento. Envidia, ¿eh?

En el fondo, hemos demostrado que 5 varones pueden sobrevivir perfectamente 10 días sin presencia femenina. No importa que Larry sea un desordenado, manche todo cocinando y tenga obsesión con las manivelas; no pasa nada porque Vergara la líe con la lavadora en el último momento y se deje una camiseta en el peor rincón del apartamento; son pasables los ronquidos de Pollo y su nulidad en el Monopoly; ya estamos acostumbrados al judaísmo y los cantos élficos nocturnos de JimmyBux; y a nadie le sorprende que yo no tenga ni puñetera idea de cocinar. La unión hace la fuerza y nosotros somos un gran equipo, a pesar de tener una baja tan considerable como la de MAT. Hemos sido 5 machos alfa en la isla mallorquina, aunque por momentos (varios al día) un “hola” o un “hey” un tanto cursis introducía un nuevo ser en nuestra atmósfera. Incluso ha habido conexiones intercontinentales hasta Nueva York. Es lo que tienen las novias… Eso sí, la mezcla de aromas del jazmín, el Agua Brava, el Chocolate y los frutos del agua fue un tanto curiosa.

No puedo dejar de hablar de las amistades que hemos hecho en la tierra de Rafa Nadal. Jamás olvidaremos a Emilio y Constantin, que estuvieron a punto de tragarse una ficticia despedida de soltero al más puro estilo Resacón en las Vegas; Toni & Luigi, también conocidos como “la extraña pareja”, han dado mucho juego; seres de leyenda como Pepe Tajada (y su variante F.), Haikkonen y Tony Vaíllo siempre quedarán en nuestra memoria. Incluso hemos tenido tiempo de codearnos con personajes tan ilustres e importantes como Farruquito o Feliciano López. La cucaracha que apareció la última noche, el inspector de turismo, las llaves rozando el hueco del ascensor, el vecindario (la de León, la de los gritos de gaviota, los de los golpes en la pared, la familia alemana totalmente acangrejada, la controladora de la piscina de 15:00 a 17:30…), el casero (quién sabe si próximamente empapelado), las estrellas televisivas (Pipi Estrada, María Antonia Iglesias, Carlos Sobera, Mentes criminales, Cadel-Andy-Alberto, Morata, Aída, Charlie Sheen…) también han tenido su importancia en nuestro día a día. Ah, y Enrique Ponce, claro.

La vida nocturna también debe tener su pequeño apartado en esta humilde reseña vacacional. El estreno en la isla fue genial: buenos locales, buena música, buena gente. Entre semana, la cosa decayó un poco y el último fin de semana ya estábamos un tanto cansados. Abraxas fue una batanada total y El que faltaba se convirtió en Lo que se avecina. Eso sí, las risas nunca han faltado. Bueno, las risas y los bailes (saltos, brasileños, comerciales…). Por no hablar de rusas que no controlan sus pies y de chicas con abanicos que van con faldas y a lo loco. En este caso más que nunca, una imagen vale más que mil palabras, así que mejor me callo. Aunque para alguno, el momento más esperado de la noche era el de meterse una inmensa porción de pizza entre pecho y espalda. Mismos protagonistas no dudaron en engullir una triple whopper + un donut del Dunkin el último día. Y luego que la colchoneta de desinflaba sola…

Ayer a las 6 de la mañana acabó nuestro periplo en Mallorca. Después de que, tras bajar del avión, el taxista que nos llevó de Reus a Salou pasara de 22 a 35 euros así por las buenas, aunque eran “39, pero por ser vosotros, os lo dejo en 35”. Qué huevos los tuyos, Santa Claus. Espero que la mariscada te siente bien. Bueno, que eso, que tras coger fuerzas en villa Larrondo (gracias una vez más), emprendimos en el batmóvil el viaje de vuelta a nuestra querida Pamplona. Poco más de 4 horas donde todos aguantamos despiertos estoicamente (incluso los que no condujeron), sin aire acondicionado (suficiente dolor de garganta hubo en la isla), cantando y eligiendo entre duras alternativas de A o B. Nosotros nos entendemos. Kalise para todos.

¿Pronto amanecer o tardío anochecer? Esa es la cuestión.

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2 comentarios en “Mallorca: Operación descanso

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